10 de septiembre de 2009

Almas



Desde hace un tiempo me aferro fielmente a creer que todo, cualquier mal, termina bien y es que si me detengo a pensar en las veces que he sentido que todo parece derrumbarse y que ese estado depresivo me lleva casi a la orilla de un precipicio siempre hay algo que me hace dar la vuelta y sentirme mejor. Desde ese punto de vista veo las situaciones mas favorables, porque siempre ha sido así y no le hace bien a mis emociones bipolares ver el lado negativo de las cosas. Estoy bien, fumando mucho más con dosis en exceso de café, almorzando-tragando todos los días y con un tiempo reducido, sintiéndome a ratos podridamente sola, aun así bien y feliz.
La semana pasada me sentí muy rara, podría explicarlo como un vacío pero no quiero llenarlo con algo es solo que en ese momento necesitaba hacerme el tiempo para ser escuchaba y para un abrazo, y hoy...




Estaba yo en una casa de veraneo antigua y descuidada. La construcción era de madera, abundaban los objetos oxidados, polvo y yo en el lugar haciendo nada, mirando alrededor… La casa era de dos pisos y desde arriba podía verse el patio trasero de la vivienda, este estaba en las mismas o peores condiciones que la casa y cerca de una ventana de esta se encontraba un árbol que trepando podías llegar al segundo piso. Yo observaba el cielo y sus ramas poseían una que otra hoja, algunas verdes otras secas y entre ellas veía tenues rayos de sol. Era una hermosa vista desde el tétrico lugar.
Una noche decidí mirar el horizonte desde ese segundo piso, el patio era extenso y había neblina. Ordenados en filas unos columpios suspendían desde el cielo, eran muchos unos siete por fila y en cada uno de ellos una persona. Estas poseían objetos de los cuales por una razón u otra debían cargar con ellos, era parte de sus vidas he de suponer. Cada uno de ellos se mecía con una tranquilidad aterradora, resignados a tener que vivir en ese lugar. Comprendí luego de unos minutos observando detenidamente la escena que ellos estaban muertos y eran sus almas las que se mecían melancólicamente.
El temor no se apoderó de mí, intentaba buscar una explicación lógica a la situación y solo pude llegar a la idea de que había algo o alguien que asesinaba a cada persona que decidiera cruzar ese patio.
Me encontré acompañada de una mujer que yo no conocía pero que estaba dispuesta a ayudar, ella era terca y no recibía consejos ni instrucciones y por sus deseos de saber que se encontraba mas allá de la puerta que daba al sitio, él o eso nos encontró.
Quería entrar, yo presionaba la puerta que era débil, hecha de madera y vidrio, aun así me impedía ver la cara de lo que nos estaba molestado. Forcejee hasta que perdí fuerzas y me encontré frente a frente con él, había tomado forma desconocida. Con un cuchillo que mágicamente apareció en mi mano apuñalé al adversario y sin sacarlo de su vientre seguí un camino que le dio muerte por desangre.

1 comentario:

  1. Anónimo11/9/09 0:43

    ¿has ido dejando gente en el camino?
    Puede tener directa relación con la soledad que sientes y a la gente que extrañas... mataste ago o alguien ¿que habrá sido eso en ti? ¿Mataste la soledad? ¿o el sentimiento que ella te provoca?

    piénsalo

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