1 de mayo de 2010

Saliendo del terror


Con MC estábamos en algo y cuando digo estar no sé si mencionar una amistad, relación o que se yo, un algo sin nombre, pero estábamos. El sitio donde nos encontrábamos esa noche era una especie de pueblo lejano a Santiago y nos preocupaba la idea de encontrar un sitio donde poder intimar. (¿Qué? ¿A estas alturas? Lo dudo!) Pero el lugar que teníamos a mano era una cabaña, de tres por tres de madera y donde el dueño era su papá, definitivamente, para mí no era opción y no precisamente porque fuera una cabaña. Caminamos hacia la carretera, para variar era de noche y ya queríamos llegar a casa. No sé por qué me invento esa sensación de que quien me acompaña en sueños tiene los mismos sentimientos que yo. Así que la verdad es que yo quería llegar a casa, estaba exhausta y ya no me gustaba caminar a las cuatro de la mañana por una carretera en un pueblo que no conocía.

- Ahí viene el bus, corre, corre, corre! -me dijo tan entusiasmada-

Por más que estiré mi brazo y alcé la mano el bus no se detuvo, perfecto, pero como una burla hacia nuestra desesperación el terminal estaba a unos pasos de donde nos encontrábamos. Por fin me voy de este lugar – pensé-.
Cuando llegamos a su casa, se parecía más a mi departamento pero no era exactamente igual, su hermano, ella y yo sentados en un sofá del living veíamos televisión y conversábamos de cosas que a estas alturas ya no recuerdo. Me preocupaba mucho el hecho y se los hacía saber, que debía recibir un correo electrónico no sé de quién, pero tenía que ver con colores, muchos colores, quizá un arcoíris, chakras o kundalini, no lo sé.
Así que muy acorde con eso, dulce ironia, fui al supermercado más cercano y regateaba en cosas para el almuerzo, una carne ¿podría ser? Pero no quedaba, miraba las aceitunas y la pichanga (tengo más imágenes de trozos de coliflor con sabor a vinagre que me encantan) y pensaba ¿será malo llevar un poco?
Al llegar a casa revisé el correo y había obtenido respuesta

- ¿qué estupidez me mandaste?

A ver, a ver yo no recuerdo haber enviado ningún correo y si mandé algo, no fue una estupidez.

Genial, en esos momentos algo había salido mal y me encontraba en un baño, completamente revestido de cerámica, oscuro como un verde musgo, me lavé las manos y quise salir, pero tanta maravilla en un lugar tan horrible no era posible, así que tal cual película de terror, me encerraron y yo me puse nerviosa, me saltaba el corazón y quería escapar ¡¡por favor!!

Pasaron unos treinta minutos en donde sin decir mucho me abrieron la puerta y tal cual yo salía de un sanatorio –pasaste la prueba- ¿eso era todo? Al salir me encontré con unos conocidos de universidad y moría por decirles que no entraran, pero el advertir no sería muy beneficioso para mí y ese egoísmo no me parecía del todo bien. Con el pecho inflado y bien contenta, porque me iba del Asilo para Enfermos Mentales, antes de la libertad…

– No te puedes ir, aun faltan más pruebas, no eres completamente libre.

2 comentarios:

  1. Anónimo2/5/10 1:03

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  2. interesante leerte...felicidades por tu cuento...

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